Los milagros

Que las alabanzas sean para Allah y que Allah eleve el rango de nuestro Profeta Muhammad, y preserve a su comunidad de lo que el Profeta teme por ella. Mis hermanos en la fe, Allah ha apoyado a cada profeta con pruebas claras y milagros que indican de manera categórica su profecía y que verifican su veracidad. El milagro, por tanto, es un signo y una prueba de la veracidad de los profetas cuando afirman ser profetas. No ha habido ni un solo profeta que no haya tenido un milagro.

El milagro es algo extraordinario; es decir, algo contrario a lo habitual. El milagro únicamente ocurre con aquellos que pretenden ser profetas, y es algo que no puede ser contrarrestado o imitado. 

Así pues, lo que ocurre con quien pretende ser profeta mientras no lo es, no es un milagro, tal como ocurriócon Musaylimah el mentiroso, quien pretendía ser profeta. Cuando él pasó su mano sobre el rostro de un hombre tuerto, este perdió la visión del otro ojo, el que estaba sano. Lo que ocurrió fue contrario a su pretensión, lo que demuestra que su afirmación de ser profeta era una mentira, ya que lo que se produjo no concordaba con su afirmación.

Lo que puede ser contrarrestado —como la magia— tampoco es un milagro. En efecto, la magia puede ser contrarrestada por otra magia. El Faraón desafió a nuestro maestro Musa (la paz sea con él). Reunió para enfrentarlo a setenta brujos, los mejores magos que tenía. Ellos lanzaron sus cuerdas, y la gente tuvo la ilusión de que eran serpientes que se movían. Nuestro maestro Musa lanzó su bastón, el cual se transformó en una verdadera serpiente gigantesca que devoró las cuerdas que los brujos habían arrojado.

Tras esto, los magos reconocieron que aquello no pertenecía al orden de la magia, sino que era algo que salía totalmente de lo común, algo a lo cual no podían oponer nada semejante, y que el Creador del mundo —Aquel que no tiene asociado ni semejante— había concedido a nuestro maestro Musa para apoyarlo. Entonces los hechiceros dijeron lo que significa:

“¡Hemos creído en el Dios de Musa y de Harun!”

El Faraón se enfureció, ya que habían creído sin su permiso. En efecto, ellos habían abandonado la creencia que tenían anteriormente. Faraón los amenazó y mandó encender un fuego inmenso, pero aquellos que habían sido brujos no renegaron su fe en Dios. Así fue como el Faraón los ejecutó.

Por otro lado, lo que es sorprendente pero no extraordinario no es un milagro, tal como el vuelo de un avión.

Asimismo, lo que es extraordinario pero no va acompañado de la pretensión de ser profeta tampoco es un milagro, y este es el caso de los prodigios (karāmāt), cosas extraordinarias que ocurren con losawliyā’, los santos, quienes siguen perfectamente a los profetas. 

El milagro es de dos tipos:

• Los milagros que ocurren sin que la gente a la que fue enviado el profeta los haya pedido.

• Y los milagros que tienen lugar cuando la gente se los pide al profeta.

Queridos amados, como ejemplo del primer tipo encontramos cuando la gente del pueblo del Profeta Sāliḥ le dijo lo que significa:

“Si verdaderamente eres un profeta enviado a nosotros para que creamos en tí, entonces haz salir de esta roca una camella y su cría”.

Entonces él hizo salir para ellos de una roca, una camella y su cría, por la voluntad de Allah ta‘ālā. Toda persona razonable comprende que esto no es algo habitual. Se sorprendieron y creyeron en él. Después, él les advirtió que no dañaran a la camella.

Entre las pruebas que sufrió el pueblo de Sāliḥ se encuentra que el día en que la camella bebía, sus rebaños no podían hacerlo. En compensación, esa camella les daba leche suficiente para todos ese día. Pero en la ciudad había nueve personas que conspiraron para matar a la camella, y la mataron. Tres días después, un castigo cayó sobre toda la población y los exterminó. El castigo los alcanzó a todos, porque aunque los que mataron a la camella fueron solo nueve, el resto del pueblo estaba de acuerdo con matarla, incluso si no participaron directamente en ello.

Entre los milagros que ocurrieron a los profetas anteriores a nuestro maestro Muḥammad, está lo que sucedió a nuestro maestro ‘Īsā, como la resurrección de los muertos. En efecto, eso no es algo a lo que se pueda oponer nada semejante. Los descreídos entre los hijos de Israel —que solían desmentir a nuestro maestro ‘Īsā y se esforzaban en calumniarlo— no pudieron hacer nada parecido, a pesar de su dominio de la medicina en aquella época.

Mis hermanos en la fe, Allah ha hecho de este mundo un signo de Su existencia; el mundo es una prueba categórica de Su inmenso Poder, de que Él es Quien ha predestinado este mundo y que no tiene asociado en ello. Todo lo que entra en existencia es por el Poder y la Voluntad de Dios, conforme a Su Sabiduría. Nadie es capaz de hacer surgir las cosas de la nada a la existencia, únicamente Él.

Las cosas extraordinarias que ocurrieron a los profetas las crea Allah ta‘ālā por Su Poder absoluto para confirmar la veracidad de los profetas cuando declaran que son enviados. El milagro es un suceso que ocurre únicamente con los Profetas, es como si Allah dijera: “«Mi siervo es veraz en su pretensión de ser profeta.” Tal como ocurrió con el milagro del Profeta Salih.

Así ocurre con todos los milagros de los profetas, ocurren por Voluntad de Allah como pruebas de su veracidad; quien los desmiente, ha desmentido a Allah ta‘ālā. Además, estos milagros no solo son una prueba categórica de la veracidad de los profetas para quienes los presenciaron, sino también para nosotros, pues una parte de ellos nos ha llegado por una vía que produce conocimiento certero, es decir, por tawātur(transmisión masiva).

Si un ateo dice:

«¿Qué nos hace saber que los milagros ocurrieron con los profetas?» —y entre ellos está nuestro profeta Muḥammad, le respondemos que, respecto a sus milagros, uno de ellos sigue entre nuestras manos: el Noble Corán. Otros se produjeron ante un gran número de personas diferentes entre sí, de tal modo que no es posible que todos se hayan puesto de acuerdo para mentir.

Por ejemplo, el milagro del agua que brotó de entre los dedos del Profeta. Esto ocurrió en varias ocasiones, ante mucha gente que lo transmitió a otro gran número que no había sido testigo directo, en numerosos lugares y países distintos, de modo que esta noticia fue relatada por un gran grupo a otro gran grupo, y es imposible que todos se hubieran puesto de acuerdo para mentir.

Esto es semejante a otros acontecimientos que no hemos presenciado, pero en cuya realidad creemos, como la existencia de la Primera Guerra Mundial, de un gobernante llamado Harun Ar-Rashid, de otro llamado Napoleón, o de un país llamado Japón. Por consiguiente, quien niega una de estas cosas y rechaza su existencia no es una persona sensata. Lo mismo se aplica a quienes niegan los milagros de los profetas transmitidos por tawātur: no se da importancia a sus palabras.

En cuanto a la afirmación de algunos ateos que dicen que los milagros de los profetas serían magia o una ilusión, eso es evidentemente falso. Porque la magia puede ser contrarrestada por otra magia semejante, mientras que las cosas extraordinarias que Allah ta‘ālā concede a los profetas no pueden ser igualadas por nada de aquellos que los rechazan.

¿Acaso alguno de los que desmintieron a los profetas, o que se opusieron a ellos en su tiempo y hasta hoy, ha podido hacer algo semejante a lo que hizo el Profeta de Allah, Sāliḥ (la paz sea con él), como sacar una camella y su cría de una roca compacta?

¿Acaso alguno de ellos ha podido entrar en un fuego ardiente como aquel en el que fue arrojado el Profeta de Allah, Ibrāhīm?

¿Acaso alguno de ellos ha podido hacer lo que hizo el Profeta de Allah, Musa, cuando golpeó el mar con su bastón y se abrieron doce senderos, con inmensas montañas de agua entre cada uno?

¿Acaso los descreídos entre los hijos de Israel, cuando se opusieron a ‘Isa y lo desmintieron, pudieron realizar un milagro semejante al de curar a un ciego de nacimiento?

¿Acaso alguno de los líderes del ateísmo ha podido hacer llorar a un tronco, un trozo de madera con la voz de un niño, de manera que todos los presentes lo oyeran, tal como ocurrió con nuestro maestro Muḥammad?

En resumen, los milagros de los profetas están confirmados de manera categórica; son una prueba absoluta de su veracidad. Por tanto, es un deber creer en ellos, someterse a lo que los profetas transmitieron y tener fe en todos ellos. Entre ellos, el mejor y el último es nuestro maestro Muḥammad.

Aquellos que lo desmienten no tendrán otra morada que el infierno, si no se arrepienten, es decir, si no entran en el Islam pronunciando los dos testimonios de Fe habiendo abandonado ese descreimiento. Lo mismo ocurre con quien desmiente a los profetas que precedieron a Muḥammad —que Dios los honre y los eleve en grado—.

Allah ‘azza wa jall dijo a Su Profeta elegido lo que significa:

فَإِن كَذَّبُوكَ فَقَدۡ كُذِّبَ رُسُلٞ مِّن قَبۡلِكَ جَآءُو بِٱلۡبَيِّنَٰتِ وَٱلزُّبُرِ وَٱلۡكِتَٰبِ ٱلۡمُنِيرِ 

كُلُّ نَفۡسٖ ذَآئِقَةُ ٱلۡمَوۡتِۗ وَإِنَّمَا تُوَفَّوۡنَ أُجُورَكُمۡ يَوۡمَ ٱلۡقِيَٰمَةِۖ فَمَن زُحۡزِحَ عَنِ ٱلنَّارِ وَأُدۡخِلَ ٱلۡجَنَّةَ فَقَدۡ فَازَۗ وَمَا ٱلۡحَيَوٰةُ ٱلدُّنۡيَآ إِلَّا مَتَٰعُ ٱلۡغُرُورِ 

Lo que significa: Si te desmienten, pues ya fueron desmentidos antes de ti otros mensajeros que vinieron con las pruebas claras [los milagros], los libros y el Libro luminoso. Toda alma probará la muerte, y en verdad recibiréis vuestra retribución completa el Día de la Resurrección. Quien sea apartado del fuego y hecho entrar en el Paraíso, ciertamente habrá triunfado. Y la vida mundana no es sino un disfrute engañoso.